La actualidad es rica en perfumes para Azzaro. La marca... Ok
El agua de Colonia Extra-Vieille de Roger et Gallet, chic y popular a la vez, con un diseño de frasco típicamente francés, forma parte integrante de nuestra memoria colectiva y olfativa.
Por François Garnier . 14/02/02
A base de notas hespérides, agrestes y con aroma de naranja, esta fragancia ligera y tonificante evoca un arte de vivir sencillo y sin artificios, algo así como el recuerdo de una infancia tierna donde se hacían fricciones lúdicas con un algodón hidrófilo embebido en perfume. Un producto único en su género, en ese incesante vértigo de nuevos aromas lanzados al mercado desde hace medio siglo, Extra-Vieille es en efecto la única agua de Colonia que se distribuye a la vez en grandes supermercados urbanos, en farmacias y en perfumerías finas. Y no por ello se ha empañado su reputación de calidad ni su imagen de excelencia. Es usado por ambos sexos y por todas las generaciones, y su impronta es más la de un encuentro con uno mismo que la de una estrategia de seducción para el mundo exterior. A diferencia de muchos perfumes y eaux de toilette cuya estructura olfativa parte de las notas de fondo y de cabeza, Extra-Vieille se construye desde el corazón y la cabeza.
Fue en 1695 cuando Jean-Paul Feminis se instaló en Colonia, tras haber creado en Italia la fórmula del Acqua Mirabilis (agua admirable), compuesta de espíritu de vino, toronjil, espíritu de romero, esencias de bergamota, neroli, cidro y limón. Transmitió esta fórmula al fabricante de licores Jean-Paul Farina, quien la legó a su vez a su bisnieto Jean-Marie. Ambicioso y creativo, Jean-Marie Farina la patentó en la facultad de medicina de Colonia en 1727. Así fue como nació el agua de Colonia, a la cual se le atribuía en aquel entonces propiedades curativas: una destilación que funcionaba como elixir de salud...y que se bebía tranquilamente. Cuando apareció el azúcar en terrones en el siglo XIX, se puso de moda el famoso "canard Farina" (azúcar bañado en Extra-Vieille a modo de cordial). En 1806, a los 21 años, Jean-Marie Farina se instaló en París. Se convirtió en proveedor oficial de la emperatriz Josefina, y abastecía también a los reyes de Inglaterra, España, Bélgica y Rusia.
En el siglo XIX hicieron su aparición los grandes perfumistas apoyados por la burguesía industrial. Armand Roger y Charles Gallet se apropiaron de la marca de Farina en 1862, a cuyo auge contribuyeron al crear líneas de productos de cuidado y maquillaje. En los diarios y revistas se explicaba la calidad de maduración, una característica específica de Extra-Vieille, imitando la descripción de los vinos finos cuyo procesamiento era objeto de cuidados especiales. El agua de Colonia empezó a ser usada cada vez más extensamente. En el transcurso de su historia, la Colonia de Roger et Gallet fue presentada en unos veinte frascos diferentes, desde los más depurados hasta los más extravagantes, según el uso del momento. El frasco de 1895, de tipo esmerilado con funda de mimbre y creado con una técnica consistente en tramar el mimbre directamente alrededor del frasco, fue reeditado en cantidades limitadas en 1999.
Hoy en día, del millón de unidades de Extra-Vieille producidos anualmente, el 50 % está destinado a la exportación. Fuera de Francia, Roger et Gallet goza de una gran notoriedad. Los británicos, muy apegados a los artículos de tocador, tienen gran afición por los célebres jabones redondos, creados en 1872. Estos jabones, los primeros con esta forma, perfumados “amorosamente” mediante la técnica denominada "au chaudron" y envueltos en papel de seda plisado, representan un pequeño lujo cotidiano y accesible. En los países de América Latina, se compra Extra-Vieille de a litros para rociarse con ella antes de bailar libremente al sol.