osMoz > Actualidades y Tendencias > Misivas perfumadas > L’AIR DU TEMPS DE NINA RICCI

 



 
Un día con…

L’AIR DU TEMPS DE NINA RICCI

 

Del nombre al frasco

¡60 años! Con esta edad canónica que equivalió durante mucho tiempo a la edad de la jubilación, L’Air du Temps celebra con orgullo una carrera deslumbrante y varias generaciones de aficionados fervientes.
Está claro que las hadas no se quedaron cortas cuando, en 1948, presidieron a su nacimiento … Un nombre increíblemente inspirado que denota las ansias de levedad tras los años de plomo, tras la guerra y su secuela de austeridades. El reencuentro con la despreocupación se nota en ese lujo a la francesa que las privaciones exacerbaron. Tres palabritas en un tono poético, que evocan a Cocteau y a Marivaux, como un deseo de libertad o para recalcar mejor esa temporalidad paradójica tan característica del perfume y de la moda en general.
Por cierto, qué imperceptible y cautivante resulta, y qué placentero también poder aprehender “L’Air du Temps”, el “espíritu de la época”, una noción casi filosófica y de la cual el idioma francés ha hecho tanto uso y abuso sin quitarle sin embargo totalmente su sentido. ¿Será acaso uno de los secretos de su éxito el haber sabido conservar su estatura sin caer en la caricatura? Tal vez, pero no es el único. Apostar al talento y a la perennidad del vidriero Lalique para materializar, en 1951, lo que no era entonces sino una idea en proceso, fue la prueba de verdadera genialidad o de una intuición grandiosa.
L’Air du Temps, sus palomas símbolo de la paz, un líquido vanguardista que combina con virtuosismo tradición y modernidad, en un momento en que las marcas echan mano a conceptos de marketing efímeros, la historia parece un cuento de hadas. ¡Ojalá que quede por lo menos para la posteridad como un “caso de escuela” para meditar!



 


Del frasco a la estela
Pschittttttt !
Inmediatamente reconocible por su célebre nota floral especiada, l’Air du Temps con un talento inédito y sin rodeos ocupa el espacio olfativo sin saturar las fosas nasales.
Rosa, jazmín, gardenia… Hay cierta magia en este bordado de pétalos lujosos que se despliega y se desparrama como una gasa ingrávida. Y en este ramo divinamente compuesto, el clavelito improvisa esta impronta especiada, este carácter a la vez insólito y retro que tanto ha contribuido a su fama.
Pero no es éste el único sortilegio de la fragancia: al hacer uso de diferentes moléculas sintéticas, a veces inéditas en el universo de la perfumería tradicional, Francis Fabron, su creador, logra la hazaña de una modernidad insolente con una pátina de clasicismo sutil y muy hábilmente dosificado. Stradivarius eléctrico, crinolina de satén fluorescente o pergamino digital: mientras otras estelas incursionan en el empolvado tipo « cocotte », en el chipre pegajoso o en el floral roborativo, él escribe una partitura delicada esculpida como un monumento!
Oigo desde ya los lamentos de aquellos y aquellas que echan de menos la fórmula original… Desde luego más hermosa, pero por desgracia modificada. Obligatoriamente adaptada para volverla conforme con las normas y definitivamente estropeada. … ¿Parece que L’Air du Temps ha cambiado? ¡Pues nosotros también! ¿Sería acaso más valioso, si se lo conservara en lo más recóndito de un museo, inaccesible para el común de los mortales como ha sucedido con un gran número de sus pares? ¿ Pero por qué siempre habría de conferírsele al pasado colores mucho más tornasolados? ¿No has oído nunca decir que una modernización de la fórmula mejora el rendimiento de una estela?
Podríamos defender de la misma manera, claro está, a todos los clásicos que han evolucionado recientemente y que inspiran a los partidarios del “buen gusto de antaño” quejas amargas teñidas de una pizca de esnobismo: resulta tan chic, en efecto, poder dárselas de conocedor avezado, y comparar con el original …
Pese a que a veces comparto sus recriminaciones, sobre todo cuando se desvirtúan las fórmulas en aras de reducir los costes de fabricación, me convierto en cambio en abogado del diablo, sobre todo en el caso particular de este perfume
Probablemente debido a su nombre...
Podría decirse que el cambio está inscrito en sus genes y que al llamarse l’Air du Temps, es lógico, a mi parecer, que se busque en su caso una adaptación al “espíritu de la época” justamente.

 

 



En resumen…

Nombre: L’Air du Temps
Marca: Nina Ricci
Fecha de creación: 1948
Perfumista creador: Francis Fabron
Concentración, Contenidos, precios: Eau de Toilette vaporizador 50 ml (61 €). Eau de Parfum vaporizador 100 ml (72 €), 50 ml (53 €), 30 ml (36 €). Extrait de Parfum, frascos Lalique, 7,5 ml (220 €) 15 ml (400 €).
Género: Femenino sin ambigüedad
Familia olfativa «oficial» : Floral Clavel
Familia olfativa percibida: Floral clavel con esa delicada nota especiada, tipo clavo de olor, que evoca verdaderamente los claveles silvestres
Para quién: los aficionados de las estelas femeninas distinguidas, de clasicismo refinado y/o de pepitas “vintage”

 
Poder de sex-appeal: si se lo evalúa en términos de carisma merecería totalmente 8/10. 
Evolución:
Una alquimia perfecta de principio a fin. Una evolución olfativa cosida con minucia y una estela como con una “pátina” desde el principio, sin ruptura, ni tensión y siempre muy voluble
Tenacidad en le tiempo:
Muy buena gracias a sus notas especiadas amaderadas en el fondo.Curiosamente el Eau de toilette parece más ligera, o sea menos tenaz, pero la experiencia muestra que la estela del Eau de parfum, más intensa al principio, no se mantiene por ello mejor a medida que pasan las horas (remanencia equivalente).



 
 
Potencial de innovación: (colocado en el contexto de su época).
   
 

Pocos competidores verdaderos en su terreno
desde entonces, con la excepción de Flower by Kenzo
(sin la nota de clavel)…


   
 


 




Fabienne ANTONIEWSKI
Periodista de perfumes

Del marketing al periodismo, el universo de la belleza es desde hace más de veinte años el hilo conductor de su trayectoria profesional.
Colaboradora regular en la rúbrica Belleza de la revista Elle desde 1995, ha reanudado, a través de la escritura, con una de sus primeras pasiones: el perfume.
Hacer oler, hacer soñar, inventar nuevos escenarios, inventar palabras para las sensaciones: se empeña en evocar el perfume en su aspecto más íntimo y más emocional para resistir mejor a su banalización.
Abogar por la dimensión artística del perfume defendiendo la creatividad, la búsqueda de sentido y la calidad de los proyectos sigue siendo para ella uno de los desafíos esenciales de su profesión.