Un día con...

Kelly Calèche de Hermès

Del nombre al frasco


El nombre suena bien, algo leve y ritmado como el galope de una potranca pura sangre. Es evocador de la graciosa historia de un bolso sereno y de la calesa emblemática de un famoso talabartero del Faubourg Saint Honoré. Hace bien esa pizquita de nostalgia … En fin hay que ser un poco conocedor como quiera que sea, ¡es claramente más selectivo que si te dijeran Tati Jennyfer!
Bajo el celofán (impecablemente sellado), la caja marrón y rosada se muestra refinada con un motivo algo humorístico: el bolso Kelly tan grande como la calesa, ¡tiene gracia!
No nos decepciona tampoco el interior: con forro decorado y colocación perfectamente milimetrada del frasco ¡un lujo!
En cuanto al frasco (la forma Calèche inspirada de un farolillo de vehículo tirado por caballos, está reinterpretada a penas) la marca ha ido muy lejos llegando hasta una mecánica de gran precisión. Y no es sólo una fórmula: rotación milimétrica del capuchón que libera el tubo de un spray high-tech, sin correr el riesgo, dicho sea de paso, de perder el accesorio indispensable: gran arte firmado por un diseñador de la marca que ha sabido poner el ingenio al servicio de la elegancia y no del gadget, ¡lujo de verdad!



Del frasco a la estela


El líquido, delicadamente rosado, sale por una pequeña presión del índice. Pschitt…
A flor de piel, unos pétalos refinados (rosa, narcizo y mimosa) se estremecen con un aire de feminidad alegre que renuncia a la artillería pesada de las recetas con gancho para sugerir una sensualidad aristocrática llena de matices. Pero Cuir d’ange (su nombre de código entre bastidores) se evade pronto hacia otro registro. Y en cuanto al cuero, habrá que olvidar las botas del ejército ruso, el alquitrán espeso de matices ahumados con las que estaban untadas y buscar más bien las referencias en las más finas peleterías de los talleres de la marca.
Se interpone sin embargo otra evocación ahora mismo. Como una imperfección que uno hubiera dejado escapar para distinguirse mejor de esa perfumería ordinaria con la que nos saturan sin cesar las narices. Un extraño desvío narrativo, como una vaharada de heno fresco en un establo... Un heno de julio, con dejos de hierbas secas mezcladas con flores del campo e incluso con vagos efluvios de bosta ventilada en el aire de la campiña, cuando la animalidad puede aún flirtear con los buenos modales.
¿Significa entonces que este cuero se habría inventado otra genealogía? Vegetal, ecuestre, (es normal cuando se trata de Hermès), ¡casi una pirueta estilística a fin de cuentas! Pero poco importa, puesto que nos llega…
En su estela, Kelly Calèche deja una huella de lirio imperceptiblemente empolvado. ¡Chic y muy nicho! El tipo de nicho elegante que casi nos haría añorar los argumentos fáciles y las fruslerías olfativas de esa sensualidad calibrada tan de moda. Referencias sin mucho valor desde luego, pero cuya ausencia vuelve aún más aleatoria la percepción de un perfume decididamente elitista y elaborado con tanta maestría.

 

 



En resumen…

Nombre: Kelly Calèche
Marca: Hermès
Contenidos, precio: 100 ml, 90 Euros
Concentración: Eau de toilette
Género: Femenino sin seducción exagerada ni hiper sexuado (hasta podría usarlo un hombre)
Familia olfativa “ oficial” : florido cuero
Familia olfativa percibida: gamo vegetal curtido con flores campestres o interior de bolso de mujer chic …
Para quién: para aquellas que no tienen nada que probar en materia de feminidad, para los aficionados(as) de fragancias de marca, sutiles o anticonformistas (o las 3 a la vez, ¡un must!).

 
Evolución: rápido en el comienzo, se pasa muy rápidamente de una cabeza fresca (casi colonia floral, a un corazón gamo-heno fresco que se prolonga durante 1 a 2 horas. La estela residual irisada es ligera pero persistente.
Tenacidad en la duración: correcta habida cuenta de la concentración(eau de toilette) y muy estable.
 
 
Potencial de innovación :
 
Poder de sex-appeal :
 
     
 


 




Fabienne ANTONIEWSKI
Periodista de perfumes

Del marketing al periodismo, el universo de la belleza es desde hace más de veinte años el hilo conductor de su trayectoria profesional.
Colaboradora regular en la rúbrica Belleza de la revista Elle desde 1995, ha reanudado, a través de la escritura, con una de sus primeras pasiones: el perfume.
Hacer oler, hacer soñar, inventar nuevos escenarios, inventar palabras para las sensaciones: se empeña en evocar el perfume en su aspecto más íntimo y más emocional para resistir mejor a su banalización.
Abogar por la dimensión artística del perfume defendiendo la creatividad, la búsqueda de sentido y la calidad de los proyectos sigue siendo para ella uno de los desafíos esenciales de su profesión.