Tras haber recurrido a diseñadores tales como Kenya Har... Ok
Serge Lutens es un caso único en el universo de la perfumería contemporánea. Artista proteiforme, se destaca en todos los ámbitos de la belleza, ya se trate de fragancias, de maquillajes, de peinados, de joyas, de objetos de arte, de decoración, de fotografías o de películas, sin olvidar su veneración por la escritura. Tiene una afinada intuición de lo bello y de lo justo.
En 1962, con apenas veinte años de edad, este joven superdotado logró despertar el entusiasmo de la revista Vogue con sus imágenes fotográficas de modelos que revelaban ya una inusual elegancia y una considerable audacia visual. Desde entonces, su talento lo ha vuelto célebre en el mundo entero y, en 1967, la marca Christian Dior le ofreció el cargo de creador artístico de una línea de maquillaje aún no inventada. Un capítulo de una docena de años de su vida que lo llevaron a explorar sin reservas el universo de los colores, de las texturas, de las materias plenas, como un pintor con su paleta de infinitos tonos de témperas y pasteles.
Aunque nació en el norte de Francia, fue en Marruecos en 1968, y luego en Japón en 1970, donde se produjo en él un auténtico choque emocional: ambos sitios forjaron su destino. Marruecos y la sensualidad del Oriente nutren su visión del perfume de los orígenes, el del mundo de la antigüedad y de sus ceras odoríferas. Vive en Marrakech desde 1974 y todas sus composiciones de perfumes se inspiran particularmente en la riqueza de las materias y los olores que lo rodean. A los perfumes Ambre Sultan, Chergui, Cuir Mauresque, Musc Koublaï Khän, Tubéreuse Criminelle, RahätLoukoum, establecidos hoy como grandes clásicos de la marca, se han añadido recientemente Chêne, Daim Blond, Bornéo 1834 y Cèdre.
El Japón es la otra musa de Serge Lutens, gracias a su encuentro determinante con el fundador de la compañía de cosméticos Shiseido, un industrial y mecenas de gran cultura que solicitó sus servicios en 1979. La impronta del artista le otorgó a la marca un renombre prestigioso en el plano internacional. En 1992, los Jardines del Palais Royal en París se convirtieron en un escaparate de lujo al estilo francés de los perfumes de Serge Lutens, en una tienda con atmósfera de alcoba que lleva el nombre de “Les Salons du Palais Royal Shiseido”.
En primavera de 2006, se presentarán allí sus nuevas fragancias, también se presentará su Nécessaire de beauté, una gama de cosméticos, barras de labios y khol que según él es “lo esencial en lo mínimo, una evocación de la manera simple de hacerse visible, puesto que lo bello sólo es bello si se manifiesta”.
Sí, participan en él el momento presente, la vivencia, la cultura. Y cuando se crea un perfume, es necesario dejar de lado la voluntad. Las materias primas son vivas, se mueven y provocan sorpresas. Hay que estar preparado para modelar el perfume de manera inconsciente.
A mi juicio, la voluntad y el abandono son los factores más importantes. Un perfume es una sucesión de acordes, vale decir un acorde con uno mismo. Se requiere un año de elaboración para dar a luz un perfume.
Es el perfume el que decide la calidad de expresión. La sensibilidad está a su servicio. Un pintor desconoce la finalidad de su cuadro antes de terminarlo. Al igual que en la pintura o la literatura, es el perfume el que acaba revelando el deseo íntimo.
“Buscar” no es la palabra adecuada. El verbo “descubrir” se adapta más al proceso emocional de combinación de esencias. Una vez terminado, ¡el perfume asombra a su creador!
Vivas, enigmáticas, misteriosas, complejas…El conocimiento enriquece en general pero no enriquece el trabajo de expresión.
Especialmente las que descubro yo, y que se mejoran con el tiempo: las maderas, las flores, y ciertos métodos de extracción que dan resultados maravillosos. Trabajar con las palabras y las esencias forma parte de un mismo fenómeno. Las palabras son extraordinarias… ¡Construir una frase es de lo más delicado!
Pienso que la idea de Paul Claval corresponde perfectamente a algo que yo mismo podría haber formulado.
Mis fuentes de inspiración se van renovando y no se relacionan sistemáticamente con el pasado. El logro de una fragancia y la conciencia de una expresión provienen de fuentes variadas, algunas vinculadas con el instante presente, otras con algo de carácter infinito.
Reconstituir un aroma es soñarlo, o sea que se trata de una mentira verdadera. Ninguna materia prima dará lugar al perfume; es la combinación de moléculas lo que lo originan. Imagínese que desde los comienzos de la humanidad, el polen es desplazado por los vientos y las abejas… Son ellos los primeros grandes creadores de perfumes. Reconstituir una flor de lis que no existe directamente como materia prima es un ejercicio preciso y onírico. Es una realidad, pero que se conjuga a la primera persona.
Árboles, flores…todo me puede venir bien, pero cada uno está relacionado con una emoción del instante siempre renovada, siempre diferente. La respuesta de la madera corresponde con lo que puede dar la madera. Lo mismo pasa con la flor o la tierra…Los olores existen en nosotros en el momento en el que los percibimos.
Personalmente, no me pongo en juez en lo que concierne a este vasto terreno de propuestas. Me limito a adorar o a detestar tal o cual creación (y no tengo dudas cuando algo me produce rechazo).
Fue apasionante poder combinar mi gusto por la arquitectura mística con ciertos aspectos del expresionismo alemán, y crear a partir de allí un recorrido olfativo imaginario y personal.
No me apetece repetir la idea bajo esta forma; me llaman la atención las experiencias nuevas y ésta ya forma parte del pasado. No obstante, estoy abierto a una idea utópica que pudiera ilustrarse mediante este tipo de proyecto (con presupuesto ilimitado).
El perfume es una transposición de mí mismo en el momento presente. Es la expresión sincera de una forma a través de una fragancia en el instante actual. Una vez logrado esto, puedo decir: “¡Esto es!”. Estoy demasiado implicado personalmente en esta definición de la fragancia como para definirme a mí mismo en ese instante preciso.
No me gusta tanto viajar por viajar. Me interesa la impresión que los viajes me provocan, o más bien que queda impresa en mí. No hay nada más extraordinario que el inconsciente y esa forma tan peculiar de memoria.
Todo lo inesperado, lo bello y lo justo.
En realidad, en todas, para definir lo que aún no sé, y que no sabré jamás.
Exterior e interior, cósmico e íntimo…
Puedo llegar a naufragar en una isla desierta, ¡pero nunca iría por cuenta propia! A decir verdad, todo depende de la isla pero en principio, ¡nada!
Dossier realizado por Astrid VITOLS