En 2008, como el año pasado, los lanzamientos de perfum... Ok
Desde la infancia, me guían los olores: los de la naturaleza, los de los seres, los de la cocina. Una herencia materna que me enseñó a captar al mundo con la nariz. Luego, me emocioné muchísimo al descubrir a los 16 años L’Heure Bleue de Guerlain. Este perfume se me había vuelto indispensable, a tal punto que quise entender ese fenómeno tan turbador como agradable. Una ola que me lleva hacia otras riberas, lo mismo que cuando escucho una música o interpreto un trozo en el piano, un instrumento que estudié en la infancia. La música también me ha llevado hacia los perfumes.
El libro se lanza el 10 de septiembre en Japón, donde la Reina tiene numerosos admiradores. Desde hace más de veinte años, se interpreta una ópera sobre su vida en Tokio con el teatro lleno, además ¡los mangas que cuentan la vida de la Reina y sus presuntos amores con el Conde de Fersen tienen un gran éxito desde los años 70 ! Me encantó la visión de Sofia Coppola sobre la Reina y en mi libro, publicado en enero de 2005, intenté mostrar un aspecto diferente de la Reina, sacar a luz toda la modernidad de este personaje tan vapuleado por la historia y también poner de relieve su gran valentía y su dignidad frente a los contratiempos. Por medio de los archivos, pude descubrir facetas de su personalidad que nos hablan muy particularmente hoy en día: la dificultad de reconciliar los contrarios, la vida pública y la vida privada. El deber de ser Reina, por un lado, pero también y ante todo, la voluntad de vivir su vida de madre y de mujer. Un ser generoso capaz de compasión hacia sus súbditos más desfavorecidos. Una Reina de corazones, a fin de cuentas bastante lejos de la pintura fría y altiva que de ella ha hecho la historia. Es lo que me conmovió en la Reina y lo que revela también el perfume M.A. Sillage de la Reine (una iniciativa olfativa del Castillo de Versalles, creada por Francis Kurkdjian, con la colaboración histórica de Elisabeth de Feydeau, ndlr). Una fragancia íntima, multifacética, floral y carnal, distinta.
Está presente desde siempre. El perfume, cuyo nombre viene de la expresión latina “per fumum” se remonta prácticamente al Kyphi, el primer perfume cuya composición conocemos y que data de 4000 años A.C. aproximadamente. Este perfume cuyo nombre significa “dos veces bueno” era fabricado por los sacerdotes que lo hacían arder en los templos para honrar a los dioses. Lo hacían a base de resinas (como la mirra y el incienso), de bálsamos, de miel, de flores y de vino de palma. Los sacerdotes también habían notado que era excelente para calmar los nervios y la mujeres hermosas lo usaban para aumentar su poder de seducción. La etimología de la palabra seducción “se ducere”, llevar a otra parte, va en el mismo sentido. Desde entonces, en la vida como en la literatura, no se ha dejado de presentar al perfume como el mejor cómplice de la seducción.
Sí. Cleopatra era una ferviente utilizadora de perfume. Esta gran coqueta y seductora sabía que se podía aumentar el poderío sobre los hombres gracias al perfume. Cuando decide ir al encuentro de Marco Antonio para subyugar a quien venía a vencerla, cogió su navío más hermoso y mandó perfumar las velas. “El viento estaba enfermo de amor” escribirá Shakespeare en su tragedia Antonio y Cleopatra. ¡Se cuenta incluso que su primera noche de amor la pasaron sobre un lecho de pétalos de rosa de 45 centímetros de espesor!
Cualquier perfume puede encarnar la seducción. Esta emoción se vincula con el recuerdo. Por eso una persona puede conservar el recuerdo ardiente de una noche de amor perfumada con agua de Colonia, que es una nota fresca y vigorizante ¿por qué no? De manera general, los orientales, perfumes de piel por excelencia, evocan la sensualidad de un abrazo. Los chipres, de acordes hieráticos y fatales, que ponen el fuego sobre el hielo a la manera hitchcockiana, pueden también turbar y arrasar.
Sin lugar a dudas las notas animales que se vinculan directamente con la sexualidad y con las feromonas: almizcle, ámbar gris, pero también la algalia y el castoreum. Pero no hay que olvidar que las flores blancas poseen también un componente animal el indolo.
Los libertinos del siglo 18 lo habían entendido bien cuando bebían al final de la comida un “chocolate con triple vainilla y ámbar gris” acompañado de un macarrón con sabor a almizcle. Aumentaban así su deseo antes de pasar a la alcoba. Se decía de un buen amante que era “fino como el ámbar”. ¡Todo un programa! Los libertinos, siempre dejaban macerar su ropa interior de cuero en infusiones de almizcle …
En cuanto a las notas suculentas, tienen el sabor del fruto prohibido. En todo caso, esas notas de chocolate, frutos, vainilla… pueden provocar deseo pues se las asocia a un recuerdo impregnado de placer. Se puede hablar casi de canibalismo amoroso. La vainilla también es una nota de refugio vinculada con el recuerdo materno reconfortante. Además el análisis químico ha hallado trazas de vainilla y de almizcle en la leche materna.
No creo que sea un interés de los consumidores por la Historia del perfume lo que orienta a las marcas hoy en día a dichos lanzamientos, aunque el “vintage” sigue teniendo éxito. Los consumidores de perfumes se han vuelto más conocedores: están más educados en materia de perfumes y son también más exigentes. Así es como a menudo prefieren un perfume antiguo pero hermoso, que ha respetado los principios de la creatividad, en vez de algunos productos modernos, más comerciales, que les parecen demasiado consensuales. En cuanto a esto, la perfumería alternativa ha abierto el camino hace ya más de 10 años. Es una buena cosa que las marcas procuren volver a posicionar a la perfumería en el lujo, como ocurría antes de que el perfume invadiera la cotidianidad. Hoy en día, el modo de consumo ha cambiado y es preciso volverlo compatible con la noción de lujo. Una mirada hacia el pasado puede ayudar a encontrar inspiración. La historia, al ampliar los horizontes, confiere espesor a los sueños y sentidos al perfume. Copiando, es como se acaba creando, decía Picasso.
Chypre de Coty creado en 1917. Ese visionario de talento había reinterpretado un acorde muy antiguo de la perfumería L’Eau de Chypre, gracias a las notas de síntesis. Se cuenta incluso que iba a recoger él mismo en el bosque de Fontainebleau el musgo de roble para lograr la calidad deseada. A parte de eso, no tengo ninguna nostalgia por lo desaparecido. Sólo el deseo de oler las fórmulas incambiadas de algunos grandes perfumes tan apreciados.
En realidad, me gusta mucho mi época y estoy muy contenta de vivir en el siglo 21. Como en cada era, hay puntos extremadamente positivos y otros más sombríos. La historia es volver a comenzar una y otra vez. ¡La humanidad es tan inesperada y creativa! Ahora bien si se trata de evocar algunas preferencias en la historia, me encanta el siglo 18, la Belle Epoque (1880-1914) y también los Años Locos. Son períodos de progresos y de efervescencia en el plano intelectual, artístico ¡y también “perfumístico”!